Foto de paneles solares fotovoltaicos destruidos o desmantelados en un tiradero de desechos

¿Cuánto contaminan los paneles solares fotovoltaicos?


Análisis general de los efectos negativos y los impactos ambientales que la industria fotovoltaica genera en la construcción de los paneles solares fotovoltaicos

Imagen por Down to Earth   

Publicado: Mar 13 de Sep de 2022

Última modificación: Lun 16 de Ene de 2023

Publicado: Mar 13 de Sep de 2022

Última modificación: Lun 16 de Ene de 2023

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Cualquier actividad que realicemos los humanos, no importa de qué índole y evaluado desde la perspectiva antropocéntrica, siempre tendrá un impacto negativo que irá en detrimento del medio ambiente que nos circunda. Esto es una ley inmutable de la naturaleza, una ley de este universo que habitamos.

¿Cuánto contaminan los paneles solares fotovoltaicos?

Para responder a esta pregunta, lo primero que debemos dominar es el concepto de qué es la contaminación, y sobre todo conocer la diferencia entre la contaminación verdadera y la contaminación desde la perspectiva humana.

Para cuantificar la contaminación verdadera que causan los paneles solares fotovoltaicos, como dispositivos creados y utilizados por los seres humanos para satisfacer sus necesidades energéticas, es necesario determinar el grado de perturbación de los equilibrios de los diferentes ecosistemas que afecta durante cada una de las etapas de su creación, puesta en funcionamiento, utilización y descarte al final de su vida útil. Para ello, deben tomarse en cuenta todos los aspectos relacionados con las materias primas, consumo de energía y fuente de esa energía, así como el impacto que generarán los nuevos mercados que surgen en torno a esta tecnología, y sus efectos netos sobre la economía del planeta.

Determinar la contaminación que causan los paneles solares fotovoltaicos desde la perspectiva humana, suele ser en principio mucho más simple y directo, porque básicamente se reduce en la mayoría de los casos a medir el grado de impacto que dichas tecnologías tienen según las normativas legales vigentes a nivel local, nacional o internacional. Es fundamental entender que todas estas legislaciones surgen del conseso entre entes que tienen intereses propios, como son los políticos, organizaciones civiles y los agentes económicos claves que se lucran de la actividad que genera la contaminación. Así, estas legislaciones son en el mejor de los casos, medidas que se adoptan para mantener un balance equilibrado entre el grado de contaminación que se genera, y la garantía de bajos costos que hace que la actividad siga siendo rentable y viable desde el punto de vista económico.

Independientemente del punto de vista desde el cual se analice la contaminación, siempre se reduce a establecer los impactos reales o legales que generan las materias primas utilizadas; la cantidad e intensidad de la energía utilizada; la cantidad de desechos generados; y no menos importante, las alteraciones permanentes del equilibrio, inmediatas o futuras, que puede generar en un medio ambiente dado.

¿Quién contamina más, los paneles solares fotovoltaicos o los combustibles fósiles?

Parece una pregunta fácil de responder, sobre todo para aquellos que apoyamos a las energías alternativas y estamos enfocados en el desarrollo de la energía solar fotovoltaica, y que siempre estamos prestos a responder de manera afirmativa que los combustibles fósiles contaminan mucho más que los paneles solares fotovoltaicos. Pero, la realidad es que esta pregunta, siendo objetivos, no tiene una respuesta definitiva en los estadios de desarrollo actual de la energía fotovoltaica; no solo por el poco desarrollo de sus mercados, sino porque además debemos tomar en cuenta que desconocemos casi todas las eventualidades que pueden llegar a ocurrir sí se llega a masificar el uso de la energía solar fotovoltaica como principal fuente de energía eléctrica para el planeta.

Determinar el grado de contaminación o impacto en el medio ambiente que genera una tecnología cada vez que produce un bien es una actividad en extremo compleja. Esto es así, porque no existen casi nunca una simple relación lineal entre las actividades que se llevan a cabo para producir el bien, los efectos inmediatos y futuros que genera el uso de ese bien, y las consecuencias al final del ciclo de vida de ese producto. Por supuesto, siempre podemos hacer suposiciones educadas sobre qué es lo que puede llegar a ocurrir, y basados en los razonamientos sobre esas suposiciones, asumir que podemos llegar a saber cuánto y cómo llegará a contaminar dicho producto. De hecho, basado en esas suposiciones es como hemos llegado al punto de considerar transformar toda nuestra forma básica de producir energía a nivel mundial; migrando de los combustibles fósiles que han definido a nuestra civilización en todos los aspectos de la vida humana, al aceptar que los razonamientos sobre la reciente tecnología solar fotovoltaica son correctos, y lo suficientemente sólidos como para iniciar un cambio radical de la estructura de generación de nuestra energía, y por ende de toda la estructura económica existente. A mi entender es una apuesta arriesgada, que se da básicamente entre grandes intereses económicos que buscan lucrar de las oportunidades que generan los nuevos mercados, pero cuyas consecuencias deberán ser saldadas por las generaciones futuras.

Usualmente, cuando se intenta medir el grado de contaminación o impacto de un bien o producto con respecto a otro, lo que se suele hacer es construir una tabla comparativa en la que se presentan las ventajas y desventajas del uso de dichos bienes, para luego hacer una evaluación en la que se determina cuál de los dos productos impacta más, positiva o negativamente, a las variables que se toman como referencia para medir el grado de afectación del medio ambiente en el que se utilizan dichos productos. Como vemos, al final, determinar el grado de contaminación de un producto o bien se reduce básicamente a escoger un conjunto de variables susceptibles que se ven afectadas por la utilización de esos productos.


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